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Aniversario del fallecimiento del Dr. Miguel C. Rubino

El 8 de mayo de 2026 se cumplen 81 años desde que despedimos a la eminencia en veterinaria.

Desde Facultad de Veterinaria, compartimos la columna del Dr. Fernando Dutra Quintela en honor al Dr. Miguel C. Rubino.

En mi opinión fue el colega más brillante de nuestra profesión. Sus trabajos siguen siendo, lamentablemente, poco conocidos. Rubino investigó prácticamente todas las enfermedades importantes del Uruguay, desde la osteomalacia, en un trabajo aún no superado, hasta la tristeza parasitaria, para la cual desarrolló una solución sanitaria basada en la premunición, pasando por la garrapata, la fiebre aftosa, la tuberculosis, la brucelosis y muchas otras patologías actuales que no es preciso detallar aquí.

Esos trabajos, publicados en el «Libro Rojo», hoy casi olvidado y nunca reeditado, contienen problemas y respuestas que muchas veces seguimos ignorando. Y quizás por eso continuamos repitiendo errores sobre enfermedades que ya habían sido pensadas y analizadas con enorme rigor científico. Aquí solo quiero recordar la visión de Rubino sobre la garrapata y la tristeza parasitaria, tan discutidas y politizadas hoy en día.

El 3 de setiembre de 1941, el Dr. Miguel C. Rubino dictó en la Facultad de Veterinaria una conferencia titulada «Garrapata – Tristeza – Premunición», organizada por la Asociación de Estudiantes de Medicina Veterinaria. El contexto era especial: Uruguay discutía una ley de erradicación de la garrapata que incorporaba además una herramienta sanitaria muy avanzada para la época: la premunición de los ganados en saneamiento.

Rubino hablaba desde la experiencia acumulada en el Laboratorio de Biología Animal de la Dirección de Ganadería, hoy DILAVE Miguel C. Rubino, el principal laboratorio veterinario del Uruguay. Allí había estudiado intensamente la tristeza parasitaria bovina desde la década de 1930, sus agentes causales, sus formas de transmisión y los métodos para proteger a los animales durante el proceso de control de la garrapata.

Rubino mostró que la tristeza no era una sola enfermedad, sino un complejo causado por Piroplasma bigeminum y Piroplasma argentinum, hoy Babesia bigemina y Babesia bovis, además de Anaplasma marginale. Su aporte fue integral y científicamente muy profundo. Rubino explicó que la gravedad de la tristeza no dependía solamente de la presencia de la garrapata, sino del equilibrio entre el bovino, los hematozoarios, la virulencia de la garrapata y la resistencia del rodeo. Para Rubino, la garrapata era el principal transmisor natural de la tristeza parasitaria, pero no actuaba sola ni de manera fija. No era un simple “vehículo” del parásito, sino un componente dinámico del sistema epidemiológico: podía aumentar o disminuir su virulencia, amplificar epidemias, mantener infecciones leves que sostenían la premunición del rodeo, o incluso perder infectividad según la estación del año, la temperatura, las generaciones sucesivas y el tipo de ganado parasitado.

También advirtió que la anaplasmosis podía transmitirse, además de por garrapatas, por sangre contaminada, descornado y otros procedimientos comunes de manejo. El concepto central de su explicación era la premunición, tan en boga en ese momento y tan poco entendida hoy. La premunición, a diferencia de la inmunidad esterilizante, es una resistencia inestable, dependiente de mantener infecciones leves y persistentes. Si la infección persistente desaparece, también puede disminuir la resistencia del animal. Por eso, para Rubino, las grandes mortandades aparecían cuando se rompía ese equilibrio entre infección, resistencia y exposición.

Más de 80 años después, Uruguay vuelve a enfrentar un aumento sostenido de la garrapata y de la tristeza parasitaria. La situación actual del país combina varios factores: mayor infestación por garrapatas, mayor circulación de Babesia y Anaplasma, movimientos frecuentes de ganado, mezcla de animales con distinta historia sanitaria, uso masivo de garrapaticidas, imidocarb y antibióticos, además de una práctica cada vez más extendida de sangrados, vacunaciones, inyecciones, caravaneo, castraciones y otros manejos colectivos, que ubican a Uruguay en el país con mayor número de tratamientos inyectables por bovino del mundo. Para una enfermedad como la anaplasmosis, capaz de transmitirse mecánicamente por sangre contaminada, estas prácticas pueden transformar una intervención sanitaria en un mecanismo de amplificación epidemiológica y de residuos en carne.

¿Qué diría Rubino hoy? Probablemente no diría simplemente que «hay más garrapata» o que «aumentó el Anaplasma». Diría que se rompió el equilibrio epidemiológico histórico de la tristeza parasitaria: más vector, más presión de infección, menos premunición natural, más tratamientos que eliminan infecciones persistentes y más oportunidades de transmisión mecánica generadas por el propio manejo sanitario.

En otras palabras, Rubino interpretaría la epidemia actual como la consecuencia de haber alterado el sistema completo: la garrapata, los sistemas productivos más intensivos, la mayor comercialización y transporte de ganado, los hematozoarios, la resistencia del rodeo y las prácticas sanitarias cada vez más intensivas.

Tal vez por eso su conferencia de 1941 sigue siendo tan actual: porque entendió que la tristeza parasitaria no es una enfermedad más de los bovinos, sino principalmente una enfermedad que depende del equilibrio ecológico y del manejo sanitario del rodeo, equilibrio que hoy está roto.







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